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Rehabilitar y volver a entrenar no son lo mismo

Dónde acaba el trabajo del fisioterapeuta y empieza el del educador físico, y por qué el alta deportiva no es una fecha.

Lesiones · 6 min de lectura

Hay un momento incómodo en casi toda lesión: el fisioterapeuta dice que ya está, pero la persona no se siente lista para volver a lo suyo. Ese hueco tiene nombre, tiene contenido y tiene a alguien que debería ocuparlo. Este artículo explica cuál es.

Dos trabajos distintos que se tocan

La fisioterapia es una profesión sanitaria. La Ley 44/2003, de ordenación de las profesiones sanitarias, describe las funciones del fisioterapeuta como la prestación de los cuidados propios de su disciplina mediante tratamientos con medios y agentes físicos, dirigidos a la recuperación y rehabilitación de personas con disfunciones o discapacidades somáticas, así como a su prevención.

El ejercicio físico y deportivo es otra cosa. En Extremadura, la Ley 15/2015 ordena las profesiones del deporte y exige titulación a quien realiza actividades de enseñanza, dirección, entrenamiento o animación de carácter físico-deportivo.

No son rangos de una misma escalera, ni hay una por encima de otra. Son dos oficios con objetos distintos: uno trata un tejido lesionado y una función perdida, otro construye capacidad para una demanda concreta.

Rehabilitar y readaptar

Rehabilitar es recuperar la función perdida: que la rodilla vuelva a flexionar, que el hombro deje de doler, que el tejido cicatrice y tolere carga. Es terreno sanitario.

Readaptar es lo que viene después, y su pregunta es distinta. No es «¿está curado?», sino «¿aguanta lo que le vas a pedir?». Volver a jugar al fútbol los sábados, cargar sacos en el trabajo, correr una media maratón o simplemente subir la cuesta de casa cargado no son la misma demanda, y ninguna se resuelve solo con que el dolor haya desaparecido.

Entre el alta clínica y la vuelta real hay casi siempre una diferencia de semanas o de meses. Ese tramo se entrena.

El alta deportiva no es una fecha

En 2016, tras el primer Congreso Mundial de Fisioterapia del Deporte, un grupo de clínicos publicó un documento de consenso sobre la vuelta al deporte que sigue siendo referencia (Ardern y cols., British Journal of Sports Medicine). Dos ideas de ese texto han cambiado la forma de trabajar.

La primera: la vuelta al deporte no es un interruptor, sino un continuo con etapas. Volver a participar en entrenamientos adaptados no es lo mismo que volver a competir, y volver a competir no es lo mismo que recuperar el rendimiento previo. Meter las tres cosas en una sola fecha es lo que produce recaídas.

La segunda: decidir cuándo volver es un ejercicio de gestión del riesgo, no un cálculo exacto, y esa decisión se toma mejor de forma compartida entre la persona, quien la ha tratado y quien la va a entrenar.

Un año antes, Ian Shrier había propuesto un marco que ordena esa decisión en tres pasos (StARRT): valorar el estado del tejido, valorar el estrés que la actividad va a imponer sobre ese tejido, y valorar los factores que modifican cuánto riesgo es aceptable en ese caso concreto. Un aficionado de cuarenta años que juega los jueves y un jugador en la última jornada de liga tienen el mismo tejido y una tolerancia al riesgo muy distinta.

Criterios, no calendario

De ahí sale la forma de trabajar. En lugar de «a las doce semanas vuelves», se fijan criterios que hay que cumplir para pasar de una fase a la siguiente: simetría de fuerza entre el lado lesionado y el sano, capacidad de absorber y producir fuerza en saltos y cambios de dirección, tolerancia a un volumen determinado de carrera, control del movimiento cuando aparece la fatiga.

Esos criterios se miden, se anotan y se enseñan a la persona. Tienen una ventaja añadida sobre el calendario: cuando alguien ve en un papel que su pierna operada rinde un porcentaje muy inferior a la otra, entiende sin discusión por qué todavía no toca competir.

Y funcionan en los dos sentidos. También sirven para no retrasar una vuelta que ya podría producirse.

Lo que un educador físico deportivo no debe hacer

Aquí conviene ser claro, porque en este terreno se cruzan líneas con facilidad.

Un educador físico deportivo no diagnostica, no trata la lesión, no aplica terapia manual ni agentes físicos, y no decide por su cuenta si un tejido está curado. Todo eso es competencia sanitaria.

Lo que sí hace es diseñar y dirigir la progresión de carga, medir capacidades, adaptar los ejercicios a las limitaciones que el equipo sanitario haya marcado y devolver a esa persona a la actividad que quiere recuperar. Y, cuando aparece dolor que no encaja, inflamación que no cede o una sensación de inestabilidad nueva, devolver a la persona a la consulta en lugar de insistir.

La coordinación entre ambos lados no es un detalle amable: es la condición para que esto funcione. Cuando el fisioterapeuta y quien entrena hablan entre sí, la persona deja de recibir dos versiones distintas de lo que puede hacer.

Cuándo empieza esta fase

Antes de lo que suele pensarse. El trabajo de readaptación no espera al alta: en muchos casos empieza en paralelo, entrenando todo lo que la lesión no impide mientras el tejido afectado sigue su proceso. Perder tres meses de fuerza general por una lesión localizada es un coste evitable.

Quien marca hasta dónde se puede llegar en cada momento es el equipo sanitario que lleva el caso.

Antes de empezar

Si estás en tratamiento por una lesión, habla con tu médico o tu fisioterapeuta antes de retomar el entrenamiento, y pídeles por escrito o de palabra qué movimientos y qué cargas conviene evitar de momento. Esa información es el punto de partida.

Con ella en la mano, en el centro se puede plantear la progresión y ponerle criterios. Si quieres comentar tu caso, pásate y lo vemos con calma.

Bogdan Constantin Roponica. Graduado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, educador físico deportivo colegiado n.º 68372. BCR Centro de Entrenamiento, Paseo Castelar 25, Villanueva de la Serena.