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Poblaciones especiales, más allá de la etiqueta

Qué significa entrenamiento adaptado, qué dice la OMS sobre afecciones crónicas y discapacidad, y quién debería dirigirlo.

Adaptado · 5 min de lectura

«Poblaciones especiales» es una etiqueta que se usa mucho y se explica poco. Suena a categoría aparte, a algo distinto del entrenamiento de verdad. En la práctica significa casi lo contrario de lo que parece.

Qué designa realmente la etiqueta

En el vocabulario de las ciencias del ejercicio, la expresión agrupa a personas cuya situación de salud obliga a tener en cuenta algo más que la condición física al diseñar un programa: una enfermedad crónica, un embarazo o un posparto, una discapacidad, un proceso oncológico, una edad avanzada con fragilidad.

Es decir, no describe a un grupo raro y minoritario. Describe a una parte enorme de la población adulta. Y no describe personas que no pueden entrenar, sino personas cuyo entrenamiento tiene que diseñarse con más información encima de la mesa.

Lo que dice la OMS, que sorprende a mucha gente

Las directrices de la OMS de 2020 incluyeron por primera vez apartados específicos para adultos y personas mayores con afecciones crónicas y para adultos con discapacidad. Lo interesante es lo poco que cambian las cifras.

Para adultos y personas mayores con afecciones crónicas —el documento cita expresamente a supervivientes de cáncer y a personas con hipertensión, diabetes de tipo 2 o VIH— la recomendación es acumular a lo largo de la semana entre 150 y 300 minutos de actividad aeróbica de intensidad moderada, o entre 75 y 150 de intensidad vigorosa, o una combinación equivalente. Más fortalecimiento muscular de todos los grandes grupos musculares dos o más días por semana. Y, en el caso de las personas mayores de este grupo, actividades multicomponente variadas que prioricen el equilibrio funcional y la fuerza tres o más días por semana (OMS, 2020).

Para adultos con discapacidad, la recomendación de cantidad es exactamente la misma: entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada, o entre 75 y 150 de intensidad vigorosa.

Las cifras no bajan. Lo que cambia es el camino para llegar a ellas.

Adaptar no es rebajar

Este es el malentendido de fondo. Adaptar un programa se entiende a menudo como quitar peso, quitar exigencia y dejar algo suave que no moleste. Eso no es adaptar: es renunciar por adelantado.

Adaptar significa encontrar la manera de que el estímulo llegue igual por otra vía. Si una rodilla no admite flexión profunda, se busca la carga en otro rango. Si el equilibrio en bipedestación es limitado, se entrena la fuerza sentado o con apoyo y se trabaja el equilibrio aparte, con progresión. Si la fatiga marca el ritmo, se reparte el volumen en sesiones más cortas y más frecuentes.

El objetivo no se rebaja. Se rediseña el itinerario.

Las propias directrices lo formulan así en sus declaraciones de buenas prácticas: quien no pueda cumplir las recomendaciones debe procurar realizar actividades acordes con sus posibilidades, empezando con dosis pequeñas para aumentar de forma gradual la duración, la frecuencia y la intensidad. Y añaden una frase que conviene leer despacio: hacer algo de actividad física es mejor que permanecer totalmente inactivo.

Cuándo hace falta pasar por el médico

Aquí las directrices son más matizadas de lo que suele contarse. Señalan que, por lo general, no hace falta la autorización de un médico para comenzar una actividad física de intensidad leve a moderada cuyo nivel de exigencia no supere el de la vida cotidiana o el de caminar a buen paso, cuando no existen contraindicaciones previas.

Al mismo tiempo indican que estas personas pueden consultar a un especialista en actividad física o a un profesional médico para determinar el tipo y la cantidad de actividad adecuados en función de sus necesidades, capacidades, limitaciones o complicaciones funcionales, su medicación y su plan general de tratamiento.

La lectura razonable es esta: salir a caminar no requiere un permiso. Entrar en un programa estructurado de fuerza teniendo una patología diagnosticada, sí requiere que tu médico sepa lo que vas a hacer y diga qué conviene evitar. En procesos oncológicos, cardiovasculares o tras una intervención, esa conversación no es opcional.

Quién debería estar dirigiendo eso

Si el diseño del programa depende de información clínica, la persona que lo dirige necesita formación para interpretarla y criterio para saber dónde acaba su competencia.

En Extremadura esto no queda al gusto de cada cual. La Ley 15/2015 ordena el ejercicio de las profesiones del deporte en la comunidad, reconoce cinco profesiones reguladas —profesor de educación física, monitor deportivo, entrenador deportivo, preparador físico y director deportivo— y exige la titulación correspondiente a quien realiza actividades de enseñanza, dirección, entrenamiento o animación de carácter físico-deportivo. También reserva esas denominaciones a quien cumple los requisitos.

A eso se suma la colegiación. Desde 2018, el Consejo COLEF denomina a los profesionales de esta rama educadores y educadoras físico deportivos: profesionales titulados e incorporados a un colegio oficial, inscritos en un registro público y sujetos a un código deontológico y a la reclamación por mala praxis.

No es burocracia. Es la diferencia entre alguien de quien puedes comprobar la formación y alguien de quien no.

Lo que sí es y lo que no es

El entrenamiento adaptado no es fisioterapia, no es un tratamiento y no sustituye a nadie. Es ejercicio bien diseñado para una persona con una circunstancia concreta, hecho en coordinación con quien lleva su salud.

Y no es una versión menor del entrenamiento. Es, casi siempre, la versión que exige más criterio.

Antes de empezar

Si tienes una patología diagnosticada, habla con tu médico antes de incorporarte a un programa y pregúntale qué debe respetarse en tu caso. Con esa información encima de la mesa se puede planificar bien.

Si después quieres ver cómo se concretaría, pásate por el centro y lo comentamos sin compromiso. Explicar cómo se trabaja forma parte del trabajo.

Bogdan Constantin Roponica. Graduado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, educador físico deportivo colegiado n.º 68372. BCR Centro de Entrenamiento, Paseo Castelar 25, Villanueva de la Serena.