Saltar al contenido

Pilates y control postural, qué es y qué no es

Qué dice la evidencia sobre el pilates y el dolor lumbar, y por qué la postura correcta no significa lo que suele creerse.

Pilates · 5 min de lectura

El pilates arrastra dos reputaciones opuestas y las dos son inexactas: la de método milagroso que arregla espaldas y la de gimnasia suave sin contenido. Merece la pena mirar qué dice la evidencia y qué se puede esperar de verdad de una clase.

De dónde viene

El método lo desarrolló Joseph Pilates en la primera mitad del siglo XX y él mismo lo llamó contrología. La idea de fondo era el control consciente del movimiento: precisión, respiración, atención a cómo se ejecuta cada gesto en lugar de a cuántas repeticiones salen.

Con el tiempo se dividió en dos formatos. En suelo, con colchoneta y materiales pequeños. Y en máquinas —reformer, cadillac, silla—, donde los muelles permiten asistir un movimiento o resistirlo. Esa segunda parte suele sorprender a quien llega esperando una clase de estiramientos: un muelle bien elegido es carga, y la carga es entrenamiento.

Qué dice la evidencia sobre el dolor lumbar

Es donde más se ha estudiado. La revisión Cochrane de referencia sobre pilates y dolor lumbar recuperó 126 ensayos y acabó incluyendo diez, con 510 participantes en total (Yamato y cols., 2015).

Sus conclusiones son moderadas y conviene tomarlas literalmente:

  • Hay evidencia de baja calidad de que el pilates reduce el dolor frente a una intervención mínima, con un efecto medio a corto plazo.
  • No hay evidencia concluyente de que sea superior a otras formas de ejercicio.
  • La decisión de usarlo puede basarse en las preferencias de la persona o del profesional, y en el coste.

Esa última frase es la más útil de todas. Traducida: lo que funciona es hacer ejercicio, y el pilates es una de las maneras válidas de hacerlo, no una llave especial. Si a alguien le gusta y lo sostiene en el tiempo, es una excelente opción. Si lo detesta, hay otras que dan resultados comparables.

Las guías clínicas van en la misma línea. La guía NG59 del NICE británico contempla, para personas con un episodio o brote de dolor lumbar con o sin ciática, un programa de ejercicio en grupo con enfoque biomecánico, aeróbico, de tipo mente-cuerpo o una combinación de ellos (NICE). No señala un método por encima de otro.

La postura correcta no es lo que parece

Aquí está el malentendido más extendido, y no es exclusivo del pilates.

La idea popular dice que existe una postura correcta, que desviarse de ella causa dolor y que el trabajo consiste en volver a colocarse. Cuando se revisa la investigación, esa cadena no se sostiene con la firmeza que se le supone.

Una revisión de revisiones sistemáticas publicada en Journal of Biomechanics analizó 41 revisiones sobre la relación entre posturas de la columna, exposiciones físicas y dolor lumbar. Su conclusión fue que no existe consenso sobre la causalidad: se han documentado asociaciones, pero la asociación no explica por sí sola el dolor lumbar (Swain y cols., 2020).

Esto no significa que la postura dé igual, ni que uno pueda ignorar cómo se mueve. Significa que la espalda no es una torre de piezas que se descoloca y hay que recolocar, y que decirle a alguien que su dolor viene de que se sienta mal es una simplificación que además genera miedo a moverse.

El control postural útil es otra cosa: la capacidad de adoptar y sostener distintas posiciones, de cambiar de una a otra con eficacia y de tolerar carga en cada una. Variedad y capacidad, no una única postura correcta.

Entonces, ¿para qué sirve una clase de pilates?

Para bastante, si se enfoca bien:

  • Aprender a controlar el movimiento del tronco y de la pelvis con intención, en lugar de por inercia.
  • Trabajar la musculatura profunda del tronco y la respiración de forma coordinada con el resto del cuerpo.
  • Ganar amplitud de movimiento utilizable, no solo flexibilidad pasiva.
  • Introducir carga progresiva en personas que llegan de años de inactividad y necesitan un punto de entrada amable.
  • Sostener el hábito: un formato que gusta se mantiene, y el que se mantiene es el que produce cambios.

En un centro que también trabaja con poblaciones especiales y con readaptación, el pilates encaja además como puerta de entrada. A menudo es la primera vez que alguien reaprende a moverse con atención antes de pasar a un trabajo de fuerza más exigente.

Qué no es

  • No es fisioterapia. No es un tratamiento y no sustituye a un profesional sanitario. Si hay dolor persistente, irradiado o que despierta por la noche, la primera visita es al médico.
  • No coloca vértebras ni corrige desviaciones estructurales. El ejercicio mejora la fuerza, el control y la tolerancia a la carga. No cambia la forma de un hueso.
  • No es una técnica que funcione sola. No sustituye al trabajo de fuerza con cargas ni al trabajo cardiovascular, que tienen efectos propios.
  • No adelgaza por sí mismo. Ninguna modalidad de ejercicio, por sí sola, lo hace.

Sobre la valoración postural conviene decir lo mismo. Las herramientas de análisis con inteligencia artificial que se usan hoy describen con detalle cómo se coloca y cómo se mueve una persona, y son útiles para elegir por dónde empezar y para comparar antes y después. No diagnostican nada, y no deben leerse como si lo hicieran.

Antes de empezar

Si tienes dolor de espalda, una hernia diagnosticada, una cirugía reciente o cualquier patología conocida, coméntalo con tu médico o tu fisioterapeuta antes de apuntarte a nada, y pregúntales qué conviene evitar. Esa información nos permite adaptar la clase de verdad, y no a ojo.

Si tienes dudas sobre si el pilates encaja con lo que buscas, o si te vendría mejor otra cosa, pásate por el centro y lo hablamos. A veces la respuesta honesta es que te conviene más otro tipo de trabajo, y también hay que decirlo.

Bogdan Constantin Roponica. Graduado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, educador físico deportivo colegiado n.º 68372. BCR Centro de Entrenamiento, Paseo Castelar 25, Villanueva de la Serena.