Oncología · 6 min de lectura
Antes de leer nada más: si estás en tratamiento oncológico o lo has terminado hace poco, esto se habla primero con tu oncólogo. Lo que sigue es un resumen de lo que dicen hoy las guías internacionales, para que llegues a esa conversación sabiendo qué preguntar.
Lo primero no es un formalismo
Un programa de ejercicio no se pone por encima de un equipo médico que conoce el caso. Quien lleva el tratamiento sabe qué cirugía ha habido, cómo va el calendario de sesiones, si hay algún dispositivo implantado, si hay afectación ósea o cualquier otra circunstancia que obliga a cambiar el planteamiento.
Ese es el punto de partida. La Sociedad Española de Oncología Médica lo ha ordenado además por escrito: su grupo de trabajo de Ejercicio y Cáncer publicó el documento Ejercicio en los pacientes con cáncer: niveles asistenciales y circuitos de derivación, pensado para que el oncólogo pueda derivar a cada paciente al recurso adecuado. Que exista ese documento dice bastante: el ejercicio ha dejado de ser una ocurrencia y ha entrado en el circuito asistencial.
De «descanse» a «evite la inactividad»
Durante mucho tiempo el consejo por defecto fue el reposo. El American College of Sports Medicine reunió en 2018 a una mesa redonda internacional y multidisciplinar, y el consenso que publicó al año siguiente movió el punto de partida: el entrenamiento y las pruebas de valoración resultaron, en general, seguros en personas con cáncer, y el mínimo que se le pide a un superviviente es evitar la inactividad y ser tan activo como su situación le permita (Campbell y cols., 2019).
No es un matiz pequeño. Cambia la pregunta de «¿puedo moverme?» a «¿cuánto, de qué manera y con quién?».
Qué mejora, y con qué dosis se ha estudiado
Lo interesante de ese consenso de 2019 es que no se queda en un consejo genérico: asigna dosis concretas a resultados concretos, tomadas de los ensayos revisados.
- Fatiga relacionada con el cáncer. Trabajo aeróbico de unos 30 minutos a intensidad moderada, tres veces por semana, durante doce semanas. O fuerza dos días por semana, dos series de 12 a 15 repeticiones en torno al 60 % de una repetición máxima. O la combinación de ambos.
- Ansiedad y síntomas depresivos. Aeróbico de 30 a 60 minutos, tres veces por semana, durante doce semanas; o un trabajo combinado de aeróbico y fuerza con series de 8 a 12 repeticiones.
- Calidad de vida relacionada con la salud. Aeróbico y fuerza, de dos a tres días por semana, durante doce semanas. La combinación de ambos es la que reúne más apoyo.
- Función física. Aeróbico y fuerza, dos o tres días por semana, entre ocho y doce semanas.
Conviene leer estas cifras por lo que son: las dosis que se probaron en los estudios, no una receta que se aplique igual a todo el mundo. Sirven para saber de qué orden de magnitud hablamos, y para descartar de entrada la idea de que hace falta pasar la vida en una sala.
El linfedema, el miedo más repetido
Es la pregunta que más aparece después de una cirugía de mama: si coger peso va a provocar o empeorar un linfedema. La revisión de los ensayos incluidos en el consenso del ACSM no respalda ese temor. El entrenamiento de fuerza progresivo y supervisado, con cargas moderadas, series de 8 a 15 repeticiones y dos o tres sesiones semanales, se estudió durante periodos largos sin que apareciera un aumento de casos.
La condición que sí se repite en el documento es la forma de hacerlo: empezar poco y progresar despacio, con supervisión al principio. Todo lo relativo a manguitos de compresión, drenajes o revisiones es asunto del equipo médico, no de la sala de entrenamiento.
Durante el tratamiento, no solo al terminar
En 2022 la American Society of Clinical Oncology publicó su primera guía centrada específicamente en el periodo de tratamiento activo. Su recomendación es que los profesionales de oncología aconsejen ejercicio aeróbico y de fuerza durante el tratamiento activo con intención curativa para mitigar los efectos secundarios (ASCO, 2022).
La guía resume lo que se observa en las intervenciones hechas durante ese periodo: reducen la fatiga; preservan la capacidad cardiorrespiratoria, la función física y la fuerza; en algunas poblaciones mejoran la calidad de vida y reducen la ansiedad y la depresión. Y añade un dato que suele tranquilizar: el riesgo de acontecimientos adversos fue bajo.
El mismo documento es honesto en lo que no sabe. Sobre dietas concretas o intervenciones dirigidas a perder peso durante el tratamiento activo, el panel concluyó que no hay evidencia suficiente para recomendarlas ni desaconsejarlas. Es justo donde más ruido circula, y es terreno de un dietista-nutricionista y del equipo médico, no mío.
Lo que añade la OMS
Las directrices de la OMS de 2020 incluyen por primera vez un apartado para adultos y personas mayores con afecciones crónicas, y sitúan ahí de forma expresa a los supervivientes de cáncer. Señalan que en este grupo la actividad física mejora la mortalidad por todas las causas, la mortalidad por cáncer y el riesgo de recidiva o de segundos tumores primarios.
La recomendación de cantidad es la misma que para la población general: entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada, o entre 75 y 150 de intensidad vigorosa, más actividades de fortalecimiento muscular de todos los grandes grupos musculares dos o más días por semana (OMS, 2020). Y una declaración de buenas prácticas que vale para casi todo el mundo: quien no pueda cumplirlas debe procurar hacer lo que sus posibilidades permitan, empezando con dosis pequeñas y aumentando poco a poco.
Cómo se traduce esto en una sala
En la práctica, trabajar con una persona en proceso oncológico se parece poco a seguir una plantilla. El calendario del tratamiento manda, la sesión se ajusta a cómo llega la persona ese día, la progresión se registra para poder retroceder cuando toca, y el canal con el equipo médico se mantiene abierto.
No existe un «programa para el cáncer». Existen programas para personas concretas, con un diagnóstico concreto, un tratamiento concreto y una vida que no se detiene mientras dura.
Antes de empezar
Habla con tu oncólogo. Pregúntale qué conviene evitar en tu caso, si hay alguna limitación de carga o de movimiento y en qué momento del ciclo te encuentras mejor. Con esa información se puede construir algo sensato.
Si después quieres comentarlo, en el centro estamos para eso. Preguntar no compromete a nada, y una conversación de veinte minutos suele aclarar más que un mes leyendo por ahí.
Bogdan Constantin Roponica. Graduado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, educador físico deportivo colegiado n.º 68372. BCR Centro de Entrenamiento, Paseo Castelar 25, Villanueva de la Serena.

